Nueva marcha por Dafne: el silencio de una escuela y la voz de una madre que estremeció a todos

Nueva marcha por Dafne: el silencio de una escuela y la voz de una madre que estremeció a todos

 

 

Por Edelmira Cerecedo García


Informativo Victoria (El Mante, Tam)
.– A veces el silencio pesa más que cualquier grito. La tarde de este jueves, cerca de 300 personas caminaron por la avenida Juárez con el corazón hecho pedazos. Eran estudiantes, maestros, personal administrativo y directivos de la Escuela Secundaria No. 3 «Juan Camacho Cervantes», unidos por un mismo dolor: la ausencia de Dafne.

Encabezados por el director Guillermo García Ruiz, alumnos de todos los grados y de ambos turnos avanzaron en una marcha breve, pero profundamente conmovedora, que culminó en la plaza principal. Nadie necesitó levantar la voz. Bastaban las miradas húmedas, los abrazos entre compañeros y el vacío que dejó una silla que nunca más volverá a ocuparse.

Las compañeras de Dafne caminaban sosteniendo cartulinas y flores. Algunas no pudieron contener el llanto. Otras apretaban con fuerza la mano de su amiga, buscando consuelo en medio de una tristeza que parecía no tener final.

Pero fue la voz de una madre la que terminó por romper el corazón de todos.

Alejandra Quintoz, madre de Dafne, reunió fuerzas donde parecía ya no quedar ninguna. Frente a los estudiantes, habló con el amor inmenso de quien ha perdido lo más valioso que tenía. No pidió venganza. Pidió justicia.

Con una serenidad nacida del dolor más profundo, les dijo que la última tarea en equipo que su hija les había dejado era luchar para que se haga justicia, para que ninguna otra familia tenga que vivir una tragedia semejante.

Sus palabras cayeron como un susurro que atravesó cada alma presente. Muchos bajaron la mirada para ocultar las lágrimas; otros simplemente lloraron sin poder contener la emoción. Porque en ese instante ya no era solamente el duelo por una compañera. Era el compromiso de toda una generación para que el nombre de Dafne no se apague con el paso de los días.

Cuando la marcha llegó a la plaza principal, el silencio volvió a envolver a todos. Un silencio que no hablaba de resignación, sino de esperanza. La esperanza de que la justicia llegue y de que el recuerdo de Dafne siga vivo en cada paso que dieron sus compañeros, en cada maestro que la vio crecer y, sobre todo, en el corazón de una madre que convirtió su inmenso dolor en una petición que nadie debería olvidar:

Que la última tarea de Dafne sea también la más importante: que se haga justicia, para que a ninguna otra niña le vuelva a pasar lo mismo.